29 septiembre, 2022

El juego como instrumento de integración

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Una vez que en nuestro anterior artículo hemos puesto de manifiesto la potencialidad del juego como instrumento para el fomento de la socialización a lo largo de la infancia y la preadolescencia, en esta nueva entrada queremos enfocar nuestro análisis a la capacidad del juego como herramienta para la integración de aquellos niños y niñas demasiado introvertidos, que presentan algún tipo de discapacidad o que se encuentran, por diversos motivos, en riesgo de exclusión.

Cuando los niños y niñas juegan entre sí valoran al resto de participantes por lo que son, no por lo que deberían ser, es decir, consideran el juego como una actividad realizada entre iguales en el que no toman en consideración las posibles limitaciones que pueda presentar uno de ellos, sino que más bien se otorgan los distintos ‘papeles’ atendiendo a lo que cada uno puede aportar.

Es precisamente esta percepción, basarse en las capacidades en lugar de quedarse anclado en las limitaciones, el elemento esencial sobre el que gravita todo proceso de integración.

Por tanto, desde el nacimiento de un niño que presenta alguna discapacidad o problemas de adaptación se debe potenciar dentro del ámbito familiar una predisposición a su participación en todas aquellas actividades lúdicas en las que participen niños de su edad, dejando atrás la pérdida de esa inocencia que solo los más pequeños pueden disfrutar.

No obstante, si es preciso que, durante las primeras fases del juego, este cuente con la supervisión de personas adultas, para garantizar que se produce la empatía necesaria entre los niños participantes para que todos se consideren como iguales entre sí, evitando posibles situaciones de discriminación o falta de acoplamiento, motivadas en la mayoría de los casos por los prejuicios que los menores observan en el comportamiento habitual de las personas adultas que los rodean.

En definitiva, será preciso evitar el ejercicio de una sobreprotección sobre aquellos niños y niñas que presenten dificultades para su integración plena, exponiéndolos a escenarios en los que puedan estar rodeados por otros niños como ellos e inteactuar, dentro de sus capacidades, en un ambiente libre de barreras y convencionalismos.

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