La disfagia orofaríngea es un trastorno de la deglución que afecta a la fase oral y faríngea del proceso de tragar, comprometiendo la seguridad y la eficacia con la que los alimentos y líquidos llegan al estómago. Detectarla a tiempo y aplicar las adaptaciones adecuadas resulta determinante para prevenir complicaciones graves como la neumonía aspirativa, la deshidratación o la desnutrición. El Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) ocupa una posición privilegiada en este abordaje, ya que es el profesional que acompaña al paciente durante las comidas y observa de primera mano las dificultades que aparecen.
¿Qué es la disfagia orofaríngea?
Se trata de una alteración funcional o estructural que dificulta la formación del bolo alimenticio en la boca y su tránsito hacia el esófago. Según la European Society for Swallowing Disorders, esta condición afecta a más del 50% de las personas mayores institucionalizadas y a entre el 30% y el 40% de los pacientes que han sufrido un ictus, lo que la convierte en uno de los síndromes geriátricos más prevalentes y al mismo tiempo más infradiagnosticados (Baijens et al., 2016).
A diferencia de la disfagia esofágica, que se localiza en tramos inferiores del tubo digestivo, este tipo de trastorno deglutorio se produce en la región superior y suele estar asociado a patologías neurológicas (ictus, enfermedad de Parkinson, demencias, esclerosis múltiple), procesos oncológicos de cabeza y cuello, intervenciones quirúrgicas o al propio envejecimiento, en lo que se conoce como presbifagia.
Signos de alarma que debe identificar el TCAE
La detección precoz es uno de los pilares del abordaje. El profesional sanitario que asiste al paciente durante las comidas debe estar atento a una serie de manifestaciones que indican un posible problema deglutorio. La Organización Mundial de la Salud ha subrayado en sus directrices sobre cuidados de larga duración la importancia de la vigilancia activa por parte del personal asistencial (WHO, 2022).
Entre las señales más relevantes destacan:
- Tos durante o después de la ingesta, especialmente con líquidos claros.
- Voz húmeda o gorgoteante tras tragar, indicativa de residuo en la vía aérea.
- Carraspeo frecuente y necesidad de aclarar la garganta tras cada bocado.
- Salida de alimentos por la boca o babeo continuo.
- Sensación de atragantamiento o de que la comida se queda detenida.
- Tiempos de comida prolongados, superiores a 30-40 minutos.
- Rechazo progresivo a determinadas consistencias, sobre todo a los líquidos.
- Pérdida de peso inexplicable, infecciones respiratorias de repetición o febrículas sin causa aparente.
La aparición de cualquiera de estos signos debe comunicarse de inmediato al equipo de enfermería y al facultativo responsable, ya que la confirmación diagnóstica requiere pruebas específicas como el test de volumen-viscosidad (MECV-V), la videofluoroscopia o la fibroendoscopia de la deglución (FEES).
Complicaciones derivadas de un mal abordaje
Cuando este trastorno no se identifica o no se maneja correctamente, las consecuencias pueden ser graves. Un trabajo publicado en la revista Nutrients señala que los pacientes con alteración de la deglución presentan un riesgo hasta tres veces mayor de desarrollar neumonía aspirativa, una de las principales causas de mortalidad en personas mayores hospitalizadas (Ortega et al., 2017).
Las complicaciones se agrupan en tres grandes ámbitos:
- Seguridad: aspiraciones silentes, neumonías por broncoaspiración, asfixia.
- Eficacia: deshidratación, desnutrición proteico-calórica, pérdida de masa muscular.
- Calidad de vida: aislamiento social, ansiedad ante las comidas, depresión.
Estas tres dimensiones están interrelacionadas y se retroalimentan, motivo por el cual la intervención debe ser integral y coordinada entre el equipo multidisciplinar.
Adaptación de texturas: clasificación IDDSI
La modificación de la consistencia de alimentos y líquidos constituye la principal estrategia compensadora frente a los trastornos deglutorios. Desde 2019, la referencia internacional es el marco IDDSI (International Dysphagia Diet Standardisation Initiative), que establece una clasificación unificada de ocho niveles (del 0 al 7) común para alimentos y bebidas.
Los niveles más utilizados en el entorno hospitalario y sociosanitario son:
- Nivel 0 – Líquido fino: agua, infusiones, caldos colados.
- Nivel 1 – Ligeramente espeso: textura similar a la de un néctar fluido.
- Nivel 2 – Poco espeso (néctar): cae lentamente de la cuchara.
- Nivel 3 – Moderadamente espeso (líquido-miel): se bebe con cuchara, no se mantiene la forma.
- Nivel 4 – Extremadamente espeso (puré): se come con cuchara y mantiene la forma.
- Nivel 5 – Picado y húmedo: trozos pequeños, blandos y con humedad.
- Nivel 6 – Suave y tamaño bocado: alimentos blandos cortados en piezas de unos 1,5 cm.
- Nivel 7 – Fácil masticación / Normal: dieta habitual sin restricciones.
La indicación del nivel adecuado corresponde al equipo médico o al logopeda tras la valoración, pero el TCAE participa activamente en la preparación, supervisión y registro de la tolerancia del paciente a cada consistencia.
Uso correcto de espesantes comerciales
Los espesantes a base de almidón modificado o de goma xantana permiten ajustar la viscosidad de los líquidos sin alterar significativamente su sabor. Su empleo requiere precisión: una dosificación insuficiente no protege la vía aérea, mientras que un exceso puede generar rechazo y favorecer la deshidratación por falta de ingesta hídrica.
Recomendaciones prácticas para el personal auxiliar:
- Respetar siempre la dosificación indicada en el envase y en la prescripción individual.
- Añadir el espesante de forma progresiva, removiendo con varillas para evitar grumos.
- Dejar reposar el líquido uno o dos minutos antes de ofrecerlo, comprobando la consistencia final.
- Preparar las bebidas justo antes del consumo, ya que algunas fórmulas continúan espesando con el tiempo.
- No reutilizar líquidos espesados de tomas anteriores.
Cuidados del TCAE durante la ingesta
El momento de la comida concentra la mayor parte de la intervención asistencial en los pacientes con alteraciones deglutorias. La actuación del profesional auxiliar debe seguir un protocolo estructurado que garantice la seguridad.
Preparación del entorno
- Asegurar un ambiente tranquilo, sin distracciones (televisión apagada, conversaciones cruzadas evitadas).
- Lavado de manos del profesional y del paciente.
- Comprobar la correcta identificación de la dieta prescrita.
- Verificar el estado de las prótesis dentales y la higiene bucal previa.
Posicionamiento del paciente
La postura es un factor clave para reducir el riesgo de aspiración. Se recomienda:
- Sedestación a 90 grados, con la espalda recta y los pies apoyados.
- En pacientes encamados, elevar el cabecero al máximo posible.
- Ligera flexión cervical anterior (barbilla hacia el pecho) durante la deglución, ya que esta maniobra protege la vía aérea al estrechar la entrada de la laringe.
- Evitar la hiperextensión cervical, que aumenta el riesgo de paso del bolo a la tráquea.
Durante la ingesta
- Ofrecer pequeños volúmenes (5-10 ml por cucharada).
- Utilizar cubiertos adaptados (cucharas pequeñas, no metálicas en pacientes con reflejo mordedor).
- Esperar a que el paciente haya tragado completamente antes de ofrecer el siguiente bocado.
- Comprobar la ausencia de residuos en la boca antes de continuar.
- No mezclar consistencias diferentes en una misma cucharada (por ejemplo, sopa con tropezones).
- Mantener al paciente incorporado al menos 30 minutos tras finalizar la comida.
Higiene bucal posterior
La higiene de la cavidad oral después de las comidas es una medida con sólida evidencia para prevenir la neumonía aspirativa. Un estudio publicado en The Lancet demostró que los programas estructurados de higiene oral reducen significativamente la incidencia de infecciones respiratorias en pacientes institucionalizados (van der Maarel-Wierink et al., 2013).
Registro, comunicación y trabajo en equipo
La labor del auxiliar no termina con la ingesta. Registrar de forma sistemática la tolerancia, el porcentaje de comida consumido, los episodios de tos, los rechazos y cualquier incidencia es información imprescindible para que el resto del equipo ajuste el plan de cuidados. Las anotaciones deben ser objetivas, concisas y trazables.
La comunicación fluida con enfermería, logopedia, nutrición y medicina permite reevaluar periódicamente la indicación dietética y avanzar hacia consistencias más cercanas a la dieta normal cuando la evolución lo permite, o retroceder ante signos de empeoramiento.
Formación especializada: una vía de crecimiento profesional
El manejo del paciente con alteración de la deglución es una competencia cada vez más demandada en hospitales, residencias y centros sociosanitarios, donde la prevalencia de estos trastornos no deja de crecer por el envejecimiento de la población. Disponer de formación específica permite intervenir con seguridad, prevenir complicaciones y aportar un cuidado de mayor calidad al paciente y su familia.
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